jueves, 30 de junio de 2011

La izquierda bobesponja y el País de Nunca Jamás

Hay expresiones que, por razones diferentes, hacen fortuna en determinados ámbitos y momentos: capitalismo neoliberal, carácter Fido Dido, u otras como izquierda bobesponja, que logran sintonizar con determinadas percepciones no conceptualizadas de realidades que preocupan, inquietan o molestan a un sector de la población.
Últimamente he hallado textos que caracterizan la idiosincrasia de la izquierda indignada/acampada con los rasgos del mítico personaje animado. Sumariamente, entiendo que se busca expresar algo así: una izquierda políticamente inmadura que ejerce de policía moral. O, preferiblemente, no inmadura sino reacia a madurar. Claro, que también habrá que establecer qué significa eso de la política maduración.
Supongamos que haya algo de razón en la clásica definición freudiana: hay madurez cuando el principio de placer contrasta y cede ante el principio de realidad. Porque puede que lo peor –y lo que cause más placer- no sea creerse en el País de Nunca Jamás, sino creerse Peter Pan. Como si uno conociera en exclusiva una idealidad a la que haya que conducir, por el bien de ellos, a los demás.
Lo malo de algunos discursos de la izquierda es que sobreviven a base de postulados sin definir. Como un cielo donde habitan la igualdad, la solidaridad, el progresismo o la libertad. Y todavía peor que se pretenda traer a la tierra mortal esos conceptos sin que intervenga ninguna política mediación, esto es, sin contar con la realidad. Un rasgo de inmadurez que –mire usted por dónde- quizás nos esté haciendo pagar el gobierno actual.


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