En televisión, un noticiario proyecta imágenes sobre los atentados de Noruega. El locutor siempre repite lo mismo. Sin duda no hay noticias nuevas, pero hay que sostener la pantalla.
Bocadillos de relleno: primeros ministros de países desarrollados han enviado mensajes de solidaridad. Esa palabra sosaina que nada dice y poco compromete. Entre ellos, el presidente Zapatero. Se dice que, en su misiva, alude a nuestra experiencia dolorida de los zarpazos terroristas. No recomienda que el primer ministro noruego inicie conversaciones con los asesinos, para restablecer la paz. Tampoco sugiere que un empate pudiera igualar a las partes y resolver el conflicto.
El presidente equipara unos hechos, pero sin que de ellos se sigan consecuencias semejantes. ¿Entenderá quizás que, en el caso español, haya algo diferente o yuxtapuesto a un escueto y bárbaro terrorismo…?
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