Según la prensa, el hijo de no sé qué aristócrata declaró que los andaluces son poco amigos del trabajo, o algo similar. En respuesta -y reconociendo en ello, en el siglo veintiuno, la voz de una autoridad natural y antigua- un puñado de sindicalistas ocupa una finca y exige que se desdiga el señor.
Roles caducos: proletariado, aristocracia e izquierdismo redentor. Como caduca es su antigua conflagración. Un anacronismo con pátina decimonónica, que sube al escenario de la prensa nacional.
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Desenlace:
La jefa de la casa anuncia que su hijo habló a título personal; que la opinión oficial es que los andaluces son amigos de trabajar. Reconocida así la virtud, queda saldado el conflicto y satisfecho el honor.
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